30 nov. 2008

El super hombre de Occidente


Los gritos, cantos, sentencias de apoyo y rechiflidos se escuchan en todo el recinto deportivo. Está sobre saturado, gente por los pasillos que no le importa los empujones y pisotones, es más, ni atención le prestan la situación, apenas es posible avanzar entre pasillos. Hay gente que desde el inicio de la justa deportiva no se ha sentado, todos expectantes ante el posible triunfador y perdedor. Las personas por momentos pasan por colapsos, unos pierden el control, estos desmayan y aquellos rezan por su ídolo. En medio de aquel impactante escenario están dos hombres. Uno, convertido en el posible ganador que ha tenido la fortuna de ser un “pura sangre” del boxeo –o sea, tener las aptitudes y recursos–. Otro, convertido en el posible perdedor que nació y creció como un “promedio” y ha llegado a la final del campeonato mundial de boxeo.

Después de 15 rounds y cada uno haber recibido una tunda mutua, los dos siguen de pie dispuestos a “darlo todo” por ganar. El uno lanza con fuerza bestial un misil de su puño y el otro esquiva contundentemente para después pegar con más fuerza del espíritu que de los músculos. Caras sangradas, moreteadas, cortadas, deformadas y con una mueca de dolor; cuerpos musculosos ensangrentados y sudorosos; la gente gritando cada vez más para exaltar el coraje de su “gallo”. Se lanzan el uno contra el otro por el último asalto que podría ser decisivo para su futuro, sus cuerpos son sostenidos por la motivación de ganar.

La escena y su simbolismo pueden sernos parecidos e incluso conmovedores. Cuántas veces hemos experimentado el deseo de ser como aquella persona que a pesar de las adversidades llega a dónde se lo propuso. Cuántas veces hemos experimentado situaciones en las que nos sentimos parecidos a aquellos “luchadores de la vida”. Cuántas veces hemos experimentado la admiración por aquella sombra musculosa que lleva a su cuerpo al máximo y su mente es más recia, conforme avanza su contienda. Me parece que en algún momento, la inmensa mayoría nos hemos sentido identificados por nuestra suma occidentalización.

Cualquier diría que es la escena (arriba relatada) de una película norteamericana u occidental. La escena pertenece a la película “El luchador” (Cinderella man) es una película basada en una historia real de una boxeador norteamericano. Comienza con un hombre que boxea desde joven llamado James J. Braddock, justo a las 80 peleas profesionales (y 50 amateurs) pierde y queda relegado como futuro boxeador estrella en 1929 frente a Lewis. En 1933, sin empleo y con peleas amateurs se lesiona múltiples ocasiones, y dadas las condiciones de empleo siempre va en busca de trabajo en el muelle cerca de Nueva Jersey pero no todos los días es escogido –la demanda es alta y se escoge cada día distintas personas–. Él y su familia sufren hambre, y pobreza por las precarias condiciones del país.

Un día, su ex representante lo ve en tan malas condiciones que le consigue una única pelea por la cantidad de 250 dólares por ser el paquete de uno de los mejores boxeadores en el mundo. Sorprendentemente, gana la batalla pero eso es todo, su carrera como profesional ha terminado (momentáneamente) y ahora deberá comenzar a sufrir en poco tiempo por el escaso empleo. Es tan sorpresivo su triunfo que le ofrecen otra lucha (al fin, es carne para el negocio) y gana una tras otra de sus batallas recuperando todo lo perdido, aun con su relativa vejez en el cuadrilátero, su poca preparación física y el pesimismo de los apostadores. Y el final, deben conocerlo, lucha por su familia, sus amigos, sus admiradores y porque le gustan las adversidades y nunca pierde la esperanza, lo que da una fórmula ganadora.

Ahora, después de la historia viene el análisis, la película es más que obvia con respecto a resaltar “lo americano”, o sea la identidad de la región que trata de defender y diferenciar su propia cultura y excluir a aquellos que no piensan conforme su cultura. La historia se desarrolla entre los años 1929 y 1933. El año de 1929 se distingue por la gran depresión –la mayor crisis financiera hasta ahora conocida– que ocasionó una ola de malestares sociales del país. Braddock pierde todo en esa crisis y lo lleva al fracaso total pero conforme avanzan los años se va recuperando, la nación se encuentra en progreso –entendido progreso o mejorar como el término en la filosofía regional como alcanzar una posición prominente, buen salario, ser amado, atendido, importante y admirado–. La película hace una analogía con el héroe y los Estados Unidos. Braddock como representante y reencarnación indiscutible del buen norteamericano –o sea, del occidental que todos llevamos dentro– y EUA como el espectro que representa todas esas buenas características –“que el resto del mundo envidia”–.

Un evento importante, es la presentación de dos personajes. Uno, Braddock, el super hombre americano con sueños, esperanzas y fortaleza; y otro, su amigo, el miserable lleno de desesperanza, escepticismo y debilidad. “Casualmente”, el miserable vive siendo un borracho, golpeador de su familiar y apostador. Finalmente, muere por “revoltoso” – lo que significa ser comunista o cualquier otro tipo de persona distinta a la dominante– y el boxeador que viviendo como un buen hombre, que ama a su familia, que se preocupa por ella, no apostador, no alcohólico, no violento y demás características que el imaginario colectivo absorbe como lo “mejor” o lo “bueno”, ya que, nunca perdió la esperanza en “la nación”, vivirá con todo lo que deseo en la pobreza.

La película indudablemente maneja una dicotomía característica de nuestra época “lo bueno y lo malo”. En la prehistoria (paleolítico), encontramos una nula conciencia y racionalidad, el humano era parte de la naturaleza y la naturaleza de él. En la antigüedad, se habló de una filosofía de vida dominada por el sincretismo “lo bueno y lo malo como partes fundamentales de la vida”, los tonos grisáceos predominaban. Y el devenir de la historia crea una polarización de los dos términos. Para la película –y sociedad occidental–, quién está con el sistema, lo apoya y respeta obtiene su recompensa –no importando que el sistema sea quien pone obstáculos–. El único que es capaz de hacerlo es el ciudadano norteamericano porque son los “buenos” y los “otros” deberían aprender de ellos.

Se nos muestra una sociedad bastante dogmática que creen estar con Dios y por lo tanto merecedores de “lo bueno” y “lo mejor”. Hay un momento en el que James está a punto de no creer más en Dios pero su esposa lo hace recapacitar y lo consuela diciendo que Dios nunca los abandonará. Y para el director (Ron Howard), así pasa. Los parroquianos y admiradores quienes ven en James su reencarnación –todo lo que ellos desean y aun no alcanza por falta de coraje–, acuden a las iglesias a rezar para que gane el campeonato mundial.

Esta pequeña recopilación de la personalidad de nuestros vecinos no debe ser entendida como un estereotipo sino como una aproximación del pensamiento colectivo y que es la base de su hegemonía, organización y formación de la estructura actual, la cual tiende (como todas) a excluir y diferenciarse.

José Angel Ramírez Hernández
13 de octubre de 2008; Cd. Nezahualcóyotl.

10 nov. 2008

¿Para qué la guerra?



En 1979 cuando Saddam Hussein ascendió al poder decidió apoyar –que ya había prometido implementar a su ascenso– las reformas del Frente Nacional Patriótico y Progresista. Las reformas descansaban en la eliminación del capitalismo colonialista, una economía supeditada a los intereses nacionales y la elevación del nivel de vida del pueblo. Fue entonces, cuando entró en conflicto con las potencias occidentales, deseosas de “oro negro”. En 1989 el gobierno norteamericano supo que sólo contaba con el 3.5% (35 mil millones de barriles) de las reservas probadas en el mundo y en Medio oriente con el 70% (700 mil millones de barriles) de las reservas probadas. Estados Unidos opto por reforzar la guerra e invasión como filosofía y máximas de política exterior. La invasión a Irak ha sido mera estrategia energética para tratar de controlar la zona que tiene la mayor cantidad de reservas.

Veamos, Irak ha sido satanizado por los medios masivos occidentales como la televisión, la radio, el cine, la literatura, el teatro, etc., se dice mucho de ellos que son terroristas la mayoría de ellos, que son fanáticos, que son incultos, que son violentos, etc. En realidad nos los culparía –cualquiera se volvería así, si un ejército entrará a su casa y sin más, matará a su familia, destrozará sus pertenencias y sólo porque quieren dominar los recursos de la zona– si así fuera. En 1981, fue distinguido por la UNESCO como el primer país es el desarrollo de la eliminación del analfabetismo. Visto en esta perspectiva, no parecen ser tan malos como los mass media tratan de hacernos creer. Los problemas del país asiático comienzan con el intervencionismo occidental, por una parte las potencias occidentales hablan de la autonomía de los países sobre sus recursos pero por la otra tratan de obligarlos o presionarlos a “cooperar”.

Lo que quiero denunciar es el estado de la actual filosofía de las potencias occidentales –debemos recordar que países como Inglaterra y España también participaron–. Todos los días vemos, leemos y escuchamos lo terrible de la “guerra” y sobre todo, lo costoso que resulta la incursión militar –lamentablemente, los norteamericanos sólo por eso están en contra de la guerra– y algunos sentimos alivio al saber que no vivimos en aquellos países. Pero alguién se ha preguntado ¿Acaso no existen métodos más seguros para deshacerse de los pobladores y quedarse con los recursos? ¿Acaso los norteamericanos no quieren un “X” (país) sin “X” (personas)? Podría ser un Irak o Irán sin iraquis o iranios, respectivamente. O sea, “Querer un México sin mexicanos”, el hecho que seamos occidentales, no quiere decir que seamos una potencia y que nos guarde de las ambiciones de éstos. Algunos dirán que México es aliado de Estados Unidos y co., por lo tanto, ya estamos siendo explotados pero ¿ser exterminados? “IMPOSIBLE”. Y yo digo lo mismo, es imposible que Estados Unidos y co. quieran acabar con los mexicanos, por supuesto no, no lo harán solos sino que el gobierno y algunos conacionales ayudarán.

Pensemos un poco en la situación mexicana:

¿Para qué guerra? Si la mayoría de la población, la cual pertenece a la clase baja morirá (y muere) de hambre y miseria, por el simple hecho de no poder pagar sus necesidades básicas como alimento, servicios de salud, seguridad, vivienda, ropa, etc.

¿Para qué la guerra? Si los malos servicios del Estado –unos firmados por la negligencia, otros por la incapacidad– acabarán por matarnos, quizá moriremos por negligencia médica; por insuficiencia de medicamentos; por desinterés policiaco; por abuso de autoridad; por no tener recursos para ser “respetado” por algún funcionario público; etc.

¿Para qué la guerra? Si la clase media y alta exige (y apoya) una reforma que no posicionaría al país entre lo más seguros del mundo, sino que acabaría siendo una dictadura donde se violaría los derechos de los más pobres y “revoltosos”. Cuando se hayan terminado los “inútiles, rebeldes, reaccionarios, ah y los delincuentes” –casi se me olvidaban–, el brazo coactivo del Estado buscará saciar su sed de poder y seguirá con la misma clase media y alta que apoyó la reforma, ya que, no defendieron los derechos que también eran los suyos.

¿Para qué la guerra? Si las naciones extranjeras bien pueden darnos armas mediante un plan contra el exterminio del narcotráfico, aumentar la violencia (ya existente) y acabar matándonos entre nosotros. Y las potencias occidentales haber acabado con miles de mexicanos sin una sola baja de su lado.

¿Para qué la guerra? Si el gobierno no entiende el significado de guerra y tácitamente (sin saberlo) llama fuerza beligerante a los capos.

¿Para qué la guerra? Si los países pacifistas –generalmente potencias– gustan de vender armamento a particulares en países boletinados con problemas de violencia –el caso de la venta de armamento a particulares mexicanos por parte de empresas españolas–. Díganme ¿qué puede hacer un particular con 14 mil euros de armamento? –casi nada, quizá sólo armar un brazo armado de los cárteles–.

¿Para qué la guerra? Si la miseria y la polarización de la riqueza que azota a nuestro país obligarán a varios de nosotros a tratar de sobrevivir y en ese intento, bien podríamos intentar cruzar al territorio de nuestro vecino del norte. Claro, no sin antes superar la prueba para los más aptos, el muro más peligroso del planeta para inmigrantes ilegales –o en su defecto, latinoamericanos–. Los candidatos a la presidencia norteamericana (Obama y McCain) hablan sobre una reforma migratoria, aquí el asunto es, los dos políticos votaron a favor del muro.

¿Para qué la guerra? Si cuando los más aptos escogidos por la “selección del muro” tendrán que sortear obstáculos como los texanos que todos los días salen en busca de “animales de presa” –abundan los mexicanos–. En las grandes urbes los xenófobos (o simples ciudadanos) golpearán, asaltarán y matarán a los ilegales. O el sistema judicial anglosajón –el cual reside en la “justicia”– se encargará de hacerlos arrepentirse de no pagar varios miles de pesos por el permiso y viajar, ya que, los refundirá en una celda o les aplicará la inyección letal –esperará ver el nuevo marco jurídico para inmigrantes en la Unión Europea–.

¿Para qué la guerra? Si los mexicanos que tienen para pagar esos “varios miles de pesos” para el permiso y viajar a aquel país de manera legal, la mayoría de ellos acabarán adoptando la cultura norteamericana como propia y muchas veces siendo nuestros verdugos.

¿Para qué la guerra? Si nuestra clase alta se encuentra mejor haciendo negocios con compañías extranjeras y ganando miles de millones de pesos a costa de los más necesitados, en lugar de estar con toda esa vasta población que pertenece a la clase baja que no tiene ningún futuro.

¿Para qué la guerra? Si los más afortunados morirán en su cama con un familiar a su lado y llevándose consigo una vida llena de oportunidades que este irregular orden social le otorgó.

Ven ¿para qué hacer una incursión militar o iniciar una guerra con ejército propio? Si hay maneras de exterminar sin peligro, con sutileza y eficazmente.

José Angel Ramírez Hernández

21 de septiembre de 2008; Cd. Nezahualcóyotl.

Muerte Intelctual


Centellas hijas de Horus,
atiborran, corren y se desplazan
de arriba hacia abajo
como sollozo de Tláloc,
de abajo hacia arriba
como preces del temeroso animal,
en el lugar impuesto por la deidad
lo obligado por la acción del inseguro

Una viga censura y expande los rayos,
estreches predeterminada
por vestigios de cobardía
oscuridad armamentista expansiva,
hedor abundante
como mezcolanza de cuerpos putrefactos
y una vida sin sentido

Escenario dramático y lánguido,
dramatismo novelesco,
languidez del alma,
las sombras temerosas y sigilosas
corren, se esconden y tratan de gritar,
la mente lo cimenta, edifica y fabrica

Solo, confundido, entretejido;
pensamientos más, pensamientos menos;
razonamiento más, barahúnda;
reflexión menos, conformismo;
tranquilidad existencial, muerte intelectual.

Barahúnda


En un cuarto cúbico de cuatro por cuatro; tal como la vida, es.
Con un foco irregular y fallando; tal como las esperanzas, son.
Sucio y lánguido; tal como pasamos la mayor parte de la vida.
Con un ordenador con problemas; tal como nuestro pensamiento, es.
Sonando canciones en todo momento; tal como los demás nos aconsejan.
Con imágenes penetrando la esencia humana; tal como el pasado lo hace.
Escribiendo para olvidar, olvidar para recordar, recordar para no olvidar.


En un cuarto de apenas cuatro por cuatro, con un foco fallando e irregular, el polvo armamentista expansivo se percibe en cualquier superficie. La atmósfera es triste, sin orientación y lánguida, de acuerdo al chico que vive en ese lugar, él es el dueño de aquel lugar. Justo en medio de la habitación hay un ordenador que suele fallar e ilumina más que el foco.
Algunas veces este ordenador no prende, otras es demasiado lento o simplemente no avanza en su trabajar, pero lo que ayuda a que no trabaje es el poco mantenimiento y uso que le da el usuario.
Así, en aquella atmósfera el usuario decide escribir, escribir para olvidar, olvidar para pensar, pensar para pensar en cosas más importantes o en alguién más. Hay días que el chico se levanta deseando escribir sobre su vida, sobre su pensamiento pero el ordenador no le permite expresar lo que quiere y mucho menos de manera concreta y clara.
Dentro del ordenador existe un problema de configuración, está configurado de tal manera que el abdeterismo se apodere y penetre hasta la esencia de la computadora, permitiendo escuchar canciones que no son ya del agrado del usuario y observar fotos que nos inmuten.
La computadora nunca más recuperará su limpieza de conciencia, sino que siempre estarán ahí esas imágenes, esas canciones, esas contradicciones, contradicciones del presente y el pasado, y seguramente del futuro. El final existencial marcará la desaparición momentánea e individual de las contradicciones.
El chico tendrá que buscar la solución a su barahúnda existencial, tendrá que crear consciente o inconscientemente una vida abigarrada y sincrética; tal como el animal llamado humano, es.

Estación Tepalcates


“Ay de los enamorados

con los cuerpos apartados

y los espíritus juntos”.

Salvador Díaz Mirón, Poesía completa.


Era el año de 2007, se hablaba en el 2000 de la entrada al nuevo siglo, un siglo que representaba el progreso para algunos; la oportunidad para otros; la decadencia para aquellos; y el estancamiento para algunos más. En el aire se respirar sincretismo en la población, se habían abierto tanto las fronteras con el Internet, los medios masivos, los relativos bajos costos de viaje y la apertura de fronteras tangibles que la diversidad cultural tendía cada vez más al isoformismo. Las culturas desaparecieron y nacieron de éstas culturas abigarradas que tenían más características de las potencias dominantes. La economía queda en manos de los poderosos, el sistema neoliberal se traga a todo quien trata de enfrentarlo y aglomera la riqueza en unas manos.

En México, la situación no mejora. La derecha mexicana ha pasado de una derecha propositiva y argumentativa a una derecha retrograda y primitiva, esa derecha está hoy en día representada por una facción del PRI, del PRD y en su mayoría por el PAN. Los problemas no se resuelven con milagros y prejuicios, sino con razonamientos y argumentos. La delincuencia va en aumento, quizá no sucedería si se crearán los empleos suficientes y bien remunerados, quizá si hubiera un gobierno fuerte quien se impusiera a los grandes industriales, empresarios y trasnacionales. Una economía hecha para que la mayor parte de la población viva muerta de hambre. La política del país es actuar conforme a lo urgente, los estadistas han quedado relegados; permanecerán en descanso hasta nuevo aviso.

En ese mundo tan complejo y problemático, una chica y un chico se encuentran tranquilamente platicando en la estación del metro tepalcates. La estación de metro pertenece a la línea A del sistema de transporte colectivo metro de la ciudad de México; es una estación ubicada sobre la calzada Ignacio Zaragoza, la cual es una de las más importantes conexiones terrestres de la capital mexicana con el Estado de México y el país entero, por ella transitan miles de autos y camiones todos los días. El metro trasporta millones de usuarios todos los días y la zona donde se encuentra Tepalcates es una zona llena de trabajadores con salario bajo, así que a todas horas asaltan; a todas horas hay peleas; a todas horas hay gente. El ambiente que predomina es ruidoso y estresante; la gente se ve agotada, harta y triste, por eso es tan raro ver a aquellos dos chicos platicando tan tranquilamente.

Los dos parecen tener una platica interesante, de inmediato puede notarse que son estudiantes aquellas mochilas no lo mienten y por la edad que tienen deben estar cursando la preparatoria o la universidad; hablan sobre películas, experiencias y demás cosas estudiantiles. El chico a simple vista parece estar enamorado, la mira como si fuera un tesoro con un valor interminable e invaluable. La chica no parece enamorada de él, sólo parece que le tienes un gran afecto es por eso que le pone mucha atención a lo que dice y todo el tiempo le ríe. Los dos visten casualmente, sencillamente y la moda; los dos llevan pantalón de mezclilla, tenis baratos, playeras que tienen frescura y la chica carga distintos rollos de papel y un portafolio de láminas.

El metro llega en ese instante, dado que el funcionamiento del sistema colectivo en la ciudad de México es pésimo tarda mucho en pasar, así que la chica se apresura a subir pero el joven le pide esperar, ya que, tiene algo que decirle, ella accede de buena manera y aunque parece cansada, no lo hace con desdén, sino con una gran sonrisa. El chico sonríe por la atención con que lo hace, respira profundamente, la mira y con cierto temor y nerviosismo comienza a hablar. Sus ojos tornan hacia los ojos café oscuro y los mira como si mirara el infinito; como si no hubiera otra cosa que quisiera mirar; como si la quisiera besar, abrazar y decirle que la ama; como si se perdiera totalmente en ellos y no quisiera regresar. La forma de su cara es pequeña y afilada, su piel es lisa y limpia, con su rostro puede uno saber de inmediato que es delgada. Sus labios son delgados pero besables de un rosa intermedio, perfectos como el punto medio de Aristóteles. Su nariz fina como un pequeño chocolate exigiendo ser probado. Y en toda la cara tiene pecas que apenas si se perciben, dándole una insignia.

El chico comienza: “sabes perfectamente que me gustas desde hace mucho tiempo, el problema es que no sólo me gustas, sino que te amo”. La chica se queda perpleja y sin saber que decir a bien, se reserva sólo a ruborizarse y le contesta: “Es que…”. Y el joven la interrumpe y dice: “ya sé que no soy correspondido pero me gustaría decirte lo que siento por tí”. La chica ríe nerviosamente y accede con el silencio. Así que el chico empieza a pronunciar su discurso:

“Recuerdo el primer día que te ví, estabas rodeada de amigos, de inmediato pensé que eras una chica popular, además de guapa e interesante por la cantidad de personas con la que estabas. Pasó un semestre y durante ese tiempo sólo podía observar tu belleza y nada más, te veía como un hombre ve a una mujer sólo como un atractivo. De pronto un día llegue a clase y con sorpresa pude ver que el único lugar que quedaba vacío en el salón estaba a tu lado, así que amablemente te dije si podía sentarme a tu lado, aun más me sorprendió tu respuesta cuando asentiste con una sonrisa del tamaño de tu cara, el movimiento de cabeza y un pequeño sí. El tiempo transcurrió en clase y resultaste ser una persona no tan seria como pensé y muy divertida. Nos volvimos amigos pero siempre tuve la sensación que no sólo quería ser tu amigo, conforme el tiempo devoro segundo, minutos, horas y días supe que eras la persona que estaba esperando. No pasaba día en el que no pensara en tí, no pasaba día en el que no me riera de tus ocurrencias, no pasaba día en el que no deseará estar en clase para verte –hasta la fecha–. Esos días, amaba la escuela cuando siempre la deteste, nunca me aburría de verte, nunca me aburría de reírme contigo, nunca me aburría de platicar contigo, nunca me aburría de compartir tiempo contigo, nunca me aburría de acompañarte a hacer tarea –aunque yo no la hiciera–, nunca me aburría que no me hicieras caso que no supieras que estaba ahí y que quería estar ahí para siempre, aunque sólo te pudiera mirar –y nunca lo haré–. Yo sé que te lo dije varias veces y siempre me rechazaste, sólo te pido me dejes estar a tu lado, y no me ignores y desprecies. Ama a quien quieras sólo nunca no te olvides de mí, sólo siempre mirarme con esa sonrisa de oreja a oreja y dedícame un tiempo para saludarme.”

La joven en ningún momento trato de parar y/o interrumpir el discurso, simplemente lo miro con un rostro escéptico y apenado. Le dijo: “tú también sabes que no puedo estar contigo porque no puedo”. Él contestó: “Lo sé”. Entonces, llegó el siguiente tren y la chica mencionó en voz baja: “me tengo que ir”. Y con una cara de tristeza que trato en vano de ocultar aceptó con un movimiento corto con la cabeza. Cuando ella se iba él dijo “¿te puedo seguir viendo?”. Ella respondió alegremente “claro” y subió con cierto alivio. Él se quedo por un momento viendo como se alejaba y su corazón gritaba que parara el tren para poder seguir declarando su infinito amor a su imposible amor.

Ahora, sólo se escuchaban los carros pasar a toda prisa por la calzada y la gente hablando sobre sus asuntos diarios. Dio la media vuelta, ya que, él iba del otro lado de la ciudad y se fue tarareando y cantando una canción que iba algo así como:

“Yo pensé que podía quedarme sin tí y no puedo; es difícil mi amor más difícil de lo que pensé; he dejado mi puerta entre abierta y entraste tú sin avisar; no te apartes de mí, o no.

“Yo pensé que con tanta experiencia conocía todo y contigo aprendía que al amor no le importa quien sabe más; y que el tiempo en nosotros no existe, por todo lo que veo en tí; no apartes de mí, o no.

“Todo amor que yo espere de la vida lo he encontrado sólo en tí y resulta que tú no estás aquí; esos aires de quien no sabe nada me han sabido hacer feliz; no te apartes de mí, o no.

“No pensé que ese aire inocente me enseñase un mundo en las cosas bonitas tan simples que siempre me dices; por la falta que me haces aquí y por todo lo que veo en tí, no te apartes de mí, o no…”

José Angel Ramírez Hernández

13 de septiembre de 2008; Ciudad Nezahualcóyotl.