14 dic. 2008

Caos juvenil


“¡NO VOTARÁS ¿QUÉ QUIERES DECIR CON ESO?!”

Lo decía, levantando la voz como si con ese grito fuera a desencadenar lo que varios años no han logrado en la educación de México. Proseguía:

“¿Qué no cambiarás al mundo? ¿Qué traicionarás a la patria? ¿Qué te olvidarás de los tuyos? ¿Qué te arrodillarás ante la oposición? ¿Qué decepcionarás a tu familia? ¿Qué pasarás encima de tus valores?

“¿Te atreverás a romper el corazón de este activo, ahorrador, carismático, confiable, constante, educado, ecologista, generoso, humilde, honesto, luchador, organizado, progresista, puntual, respetuoso, responsable y saludable mexicano?”

Diciéndolo de manera que contrastará su tonalidad de voz, entre orgulloso por sus cualidades y decepcionado por la decepción del otro hacia su persona.

“No puedes decepcionarme a mí, que he trabajado porque estés mejor, porque vivas con dignidad, para que no decepciones a mi México querido. Me he esforzado por días y noches, ante los rayos fulgurantes del sol y los claroscuros de la luna llena, contra viejos lobos de la política y chamaquitos con ilusiones, sólo por tu bienestar.”

Con tristeza y credibilidad –que rompería el corazón de cualquier muchachito– arma excelsamente su discurso.

“No pido más que te compadezcas de este viejo que carga años de felicidad y tristeza, de ilusión y desilusión, de amor a mi patria y odio por la vieja clase política; sólo vota para que no pasé lo que ha recorrido nuestro México. Para que, pueda representar tus deseos, esperanzas, ideas, propuestas y valores.”

Con la mirada en alto y fija hacia el cielo, como excelente orador, reprodujo su homilía que parecería hubo preparado hace un tiempo, pero sus características desmienten esa posibilidad. Por último pregunta:

“¿Verdad que lo harás? ¿Verdad que votarás por mí? Para que sea diputado en tu distrito, senador federal, gobernador de tu estado o presidente de la república ¿Verdad que no defraudarás a México?”

Y el chico que hubo escuchado todo el discurso y observado la actitud del interlocutor, con asombro –y aún cuestionándose– responde:

“Mmm, no lo sé.”

José Angel Ramírez Hernández

14 de diciembre de 2008; Cd. Netzahualcóyotl



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