17 dic. 2008

Dos palacios y un chingo de jodidos (¿y la media?)


En un glorioso palacio que asemeja a un palacio del siglo XVIII en Europa; lleno de detalles en oro; con muebles tallados en maderas finas; con mesas repletas de los más caros y deliciosos manjares, acompañados por vinos provenientes de reservas especiales; para quienes no gustan del buen vino, los licores más exóticos y exquisitos del planeta; las mujeres más sexis, nobles, honestas, hermosas y abnegadas del país vistiendo atuendos posmodernistas que no por eso dejan de ser suntuosos, llevan joyería, zapatos y demás accesorios exclusivos; y los hombres más ricos, inteligentes y guapos que llevan trajes de diseñador hechos de telas importadas, zapatos de la mejor piel existente y modales absolutamente refinados.

En otro palacio del siglo XXI pero con detalles más sencillos, el diseño sobrio con líneas rectas y colores discretos; llena totalmente de hombres armados y vigilancia extrema, los hombres y mujeres (no tantas) más poderosos del país juegan el cruel, sangriento y temido juego de la política mexicana. Llevan la misma indumentaria y tienen los mismos usos y costumbres del otro palacio, y de vez en cuando se compran un libro para que los demás los miren como “pensadores”. En aquel lugar, se dan las negociaciones que causarán ganancias por miles de millones de pesos para la alta clase empresarial y política, y los cabildeos que harán efecto en la desaventura de los jodidos.

En el resto de la calle –o sea, donde los ricos no conviven, habitan y se desarrollan– están los jodidos y semi jodidos, una clase humana especial, la cual forma parte de la dieta balanceada de cualquier habitante de los palacios. Por naturaleza (es lo que dicen aquéllos), los jodidos y semi jodidos tienen “calor”, cansancio, frio, hambre, mal gusto, sed y sueño; y son apestosos, ignorantes, “indios”, insalubres, “nacos”, rapaces y rateros. “Así que, sería muy difícil volverlos a los altos valores y acciones de la clase privilegiada”, sin mencionar que no tienen la naturaleza y mucho menos la capacidad (según ellos). Esa especie vive en casas donde por cada movimiento se encuentra en el otro extremo de la casa; viven 10 personas en 60 metros cuadrados, comen un pollo con enfermedades asiáticas al día esas mismas diez personas; no tienen dinero para ir al médico y ni hablar del dentista; pagar adecuados servicios; ropa para el invierno; salir de vacaciones; comprar vestuario como los grandes magnates; no pueden descansar luego de doce horas seguidas de arduo trabajo; ir a la escuela; etc.

Pero ¿Eso qué importa? ¡¿Acaso importa que esa subclase esté en mejores condiciones?! Claro que no. Dios así lo quiso y los castiga porque de seguro se portaron mal –quizá eran malos cuando eran ricos– o deben resistir para demostrarle al todo poderoso que su fe es inmensa e inquebrantable y pueden entrar al paraíso.

Bueno sí y al final que importan ellos, lo único que ocasiona dejarlos así es tener muchos criminales, calles repletas de personas que mueren, conflictos sociales por la carestía de alimentos, muchos trabajadores que no acaban de hacer despegar al país económica, política y socialmente. ¡¿Qué más podemos perder?! “Quizá que los jodidos no se diferencien de los semi jodidos”. Y a todo esto ¿Dónde está la prometedora clase media? Un señor lanza un sonido que puede interpretarse como un adulto que escucho de un niño una babosada.

“¡Pfff! Pues debe estar jugando con su jodido internet, wi, plei estechion y demás chingaderas que inventan para mantenerse a raya de los problemas. Quizá está en una boutique francesa probándose lo último en moda para verse ‘guay con los divis especímenes con los que interactúa’. A lo mejor, organizando una fiesta con celebridades de su medio para ganar fama y posiciones. O, simplemente haciéndole los mandados a los todo poderosos terrenales para algún día estar a su altura y dictar la misma sentencia para ese chingo de jodidos que lo único que hace es estorbar, pero, que no podemos abandonar porque son ‘nuestro hermanos’.”

José Angel Ramírez Hernández
17 de diciembre de 2008

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