8 ene. 2009

Intelectualoides



Para iniciar el 2009 –y después de unas excelentes vacaciones de fin e inicio de año–, me gustaría hacer una reflexión para aquéllos estudiantes de los estudios sociales con ánimo de transformar el país. Y (la neta), aventar pedradas para ver si así despiertan algunos.

En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) –no dudaría encontrar más personas como éstas en otro lugar– no es raro encontrar personas con gran vanidad e inmenso ego. En muchos casos esas personas suelen usar lentes sólo para verse más inteligentes, intelectuales o simplemente lectores. Algunos cargan grandes libros y/o muestran, a todo el que pase, lo que está leyendo; hay quiénes llevan Economía y sociedad de Max Weber, Leyes Fundamentales de México 1808-2005 de Tena Ramírez, Teoría y estructuras sociales de Robert Merton, Historia General de México compilado por Cosío Villegas, El capital de Marx, etc., que ayudan más a ejercitar los brazos o las piernas que el cerebro.

Hay otros mucho más sofisticados que han tomado el “intelectual way of life”. Ellos conocen y toman el mejor vino y café. Leen a los autores más sofisticados, raros y exquisitos del mundo intelectual. Se jactan de la capacidad para argumentar que les provee su erudición y la cantidad de información que guardan en sus prodigiosas memorias. Se sientan en forma graciosa, hablan con gracia y amablemente, tratan a los demás como imbéciles –algunos sólo lo piensan–, etc., pueden verse algunas de estas características en los no tan sofisticados.

Y no me parece que sea malo del todo ¿cuánto intelectuales mexicanos no son así? ¿a cuántos de nosotros no se nos sale lo mamón de vez en cuando? De alguna manera, todos tenemos un intelectualoide dentro. Pero, habría que preguntarnos ¿en dónde estudiamos? ¿quién paga nuestros estudios? ¿somos afortunados de estudiar la universidad cuando tenemos aproximadamente 40 millones de pobres y el país se encuentra en quiebre y posiblemente quiebra?

Estudiamos en la UNAM que es una universidad pública y gratuita (bueno, sólo 20 centavos), que se paga con erario público federal y los únicos que tienen la capacidad de terminar sus estudios son la clase alta y media del país que se reduce a un 40% de la población total y si le quitamos porcentajes por quiénes no entraron a la universidad, a quiénes no les gusta estudiar, quiénes tienen problemas sociales, etc., se transforma en una minoría.

Señores, a veces se nos olvida que nos debemos enteramente al pueblo y aún cuando haya varios remilgosos, debemos recordar que un país justo se traduce en justicia para nosotros ¿cómo deseamos justicia para nosotros, si no hacemos justicia para el otro? La regla de oro (no hagas lo que no quieras que te hagan) está presente en todo momento. Hay que dejarnos de tonterías como las de ser intelectual y competir para saber quién es el chingón de los “inteligentes”. En nosotros se encuentra la base para la solución de los problemas en México. Los cambios “revolucionarios” no empiezan en la clase baja, sino, comienzan en la clase media y las élites preocupadas. Las divisiones pequeñas causan fracasos, las uniones organizadas por mínimas que sean consiguen éxitos. Hay que dejar de presumir menos y actuar más.

José Angel Ramírez Hernández
Cd. Nezahualcóyotl; 8 de enero de 2009

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