31 dic. 2011

Juventud: entre la acción y la incapacidad


“Atreverse a pensar” era la consigna de Emmanuel Kant, crear conocimiento e ideas de nuestra reflexión es el primer paso de la independencia y recreación del contexto.

Una democracia consolidada reside en una sociedad emancipada, responsable y activa, donde el pensamiento crítico y debate de ideas acompañadas de acción a través de canales institucionales son fuente para la mejora de condiciones de vida.

Durante los 1960 y 70´s, movimientos juveniles generaron cambios en los régimenes políticos. Lo que se llamo Revolución del 68 fue una serie de protestas como los hippies, la Primavera de Praga, las protestas universitarias y obreras en París, el movimiento estudiantil en México y en menor medida el apoyo español.

Compartían un fin: cambiar la forma de hacer política. No esperaron, tomaron entre sus brazos su futuro, obligaron y forzaron a élites políticas y económicas a cambiar estructuras e instituciones, abrieron la participación al resto de la población.

La Democracia es una forma de gobierno pensada, en sentido antiguo, para ciudadanos que obtenían su posición social a partir de ciertas características como nivel socioeconómico alto, su libertad, y eran propietarios y jefes de familia. No cualquiera era capaz de influir en política.

En 1963, Gabriel Almond y Sidney Verba analizaban el comportamiento político de los individuos, el conjunto de actitudes, normas, valores, conocimientos y creencias generalizadas en una sociedad que otorgan sentido al proceso y comportamiento políticos en 5 países, entre ellos México.

La conclusión fue que los mexicanos tendiamos a un tipo de cultura política de súbdito, donde predomina la pasividad, apatía y falta de proposiciones, así se evita debate, consenso y propuesta.

En tiempos de modernidad se busca la participación ciudadana en la toma de decisiones políticas porque el sistema político busca la legitimidad, ya no es posible hacer política entre unos cuantos como en el siglo XVIII y XIX cuando los sistemas de partidos políticos eran de cuadros (élites).

El sistema electoral democratizado puede ser un medio para imposición de élites, pero también ha brindado la oportunidad que la sociedad pueda generar cambios, presiones e imposiciones a través de la participación.

Mucho se ha criticado a la cuestión electoral porque la ciudadanía, en sentido moderno, es pasiva, no actúa, no participa, no propone, ha sido cooptada con baratijas pero ha sido comprada por las condiciones socioeconómicas desfavorables del país, la pobreza es enemiga.

Según Thomas Humprey Marshall, sociólogo inglés, la ciudadanía plena se encuentra en la adquisición y equidad en los derechos civiles (libertad individual, de expresión, de pensamiento, a la propiedad privada, y a la justicia), políticos (participación en procesos políticos como elector o electo) y sociales (seguridad económica a través del compartimiento del patrimonio y estándares de vida).

¿Sólo en condiciones óptimas la ciudadanía mexicana podrá adquirir la proactividad que tanto necesita el país? ¿Qué papel juegan los jóvenes mexicanos en este entorno? Algunos sin oportunidades en educación y empleo, ¿tomar el destino entre sus brazos o esperar al héroe político?

La juventud es menospreciada por el estatus social de inexperto en el análisis y la toma de decisiones, hay que organizarse, proponer, repensar el modelo y deshacernos de los viejos prejuicios de nuestro progenitores para crear los nuestros. Nuestras ideas nuestra realidad.

Las condiciones sociales no son aptas, pero o nos mueve la responsabilidad o la necesidad, pero por una u otra razón debemos aportar nuestro grano.

Tenemos dos opciones: hacerlo o preguntarnos ¿qué habría pasado si la juventud con su deseo, entusiasmo, frenesí, ímpetu, intranquilidad, impaciencia y pasión hubiera intentado, al menos, cambiar al país?

José Angel Ramírez
Nezahualcóyotl
18 de noviembre de 2011

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