21 may. 2012

El converso a politólogo


Siempre ha sido de mi interés hacer una especie de Guía de Sobrevivencia, sí, así es, me ha inspirado El Periquillo Sarniento de Fernández de Lizardi, y El Lazarillo de Tormés de un tío jocoso que escribió sobre su vida y que nadie sabe quién fue.

Obviamente, sin las pretensiones morales-educativas con que ellos lo hicieron, lo que les dio categoría de obras maestras, el amor fue el aliciente promordial, yo sólo lo hago por el gusto de relatar, y si bien no me falta el amor a la escritura sí probablemente el amor a quien enseñarle.

Lo intenté por un tiempo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, quise desarrollar una guía para que los estudiantes de nuevo ingreso o distraídos tuvieran al alcance conocimiento que muchos han alcanzado sufriendo... O para que no se escuche tan feo, experiencia escolar.

Lamentablemente el proyecto no prosperó, apatía e indiferencia fue lo que encontré para problemas comunes, son pocos los espacios y pocas las personas, eso me llevo a desinteresarme.

Otro ha sido un proyecto literario, no para lucrar, porque eso sería una grosería de mi parte y de mis posibles editores hacia los lectores, sobre cómo sobrevivir en la Ciudad de México, vagar sin armas mas que la valentía y astucia deja lecciones interesantes.

El proyecto consistirá en retratar una serie de historias peculiares y divertidas, se llamará De la Calle al Blog, y de Vagabundo a Politólogo, si bien lo de politólogo no va del todo es porque quiero disculparme con el título de mi impertinencia para introducir datos “duros” a simples relatos que debieran ser chuscos y terminan con mayores aspiraciones, y otra función a la de entretener.

Mis impulsores e ídolos en las letras, si bien no los clásicos sí, son los imprescindibles de Iberoamerica como Allende, Roa, Onetti, Saramago, Cortázar, Garro, Restrepo, Pérez Reverte, entre muchos otros.

Estos han hecho que uno de mis pasatiempos sea el de escribir y leer, y aunque esto va en contra de la formación de un escritor porque un escritor se hace “en la guerra y no entre libros”, diría Edwards, es una actividad que me apasiona y puede hacerme perder días repensando un libro o detallando un artículo.

No pretendo escribir de forma erudita o lúcida, escribiré desde mi propio contexto y vivencia que es esa la riqueza de las letras universales: lo bello en un momento y espacio dados, y la utilidad de la experiencia que puede no retornar, sólo a través de la emisión del recuerdo.

Y ya que me han dado la oportunidad de escribir lo que a mí se me de mi pinche propia y particular gana, pues a darle.

Saludos.

Publicado en Just an Ambulance at the Bottom of a Cliff

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