13 nov. 2012

El novelar para publicar


Definitivamente el escribir o propalar vivencias, por medio de las artes, es muy complejo, mientras redactar artículos con pretensiones académicas es menos complicados debido a que se basan en supuestos hipotéticos lógicos, eso evita pensar en la complejidad del ser humano para que, quienes no somos inteligentes emocionalmente, no quememos las pocas neuronas inútilmente.

En el escribir, persistir es la alternativa, por ello 2 o 3 horas diarias son vitales para cualquier persona que pretenda, si no magistralmente sí adecuadamente, escribir sin problema alguno, se trata de imaginar esas historias que se hilvanan a la par de nuestra creatividad e ingenio.

No siempre se obtiene el efecto deseado ni la historia imaginada, lo que maquina nuestra mente es perfecto sólo con simple abstracción sin intermediaciones, o sea, la idea pura crea ese resultado exacto que fantaseamos y no podemos comunicar sino a través de mera conceptualización.

Pero la realidad es que siempre tenemos problemas con plasmar nuestras ideas mediante reglas comunes para transmitir a otros individuos que no comparten rasgos culturales y/o sociales, sin duda el compartir un contexto es requisito preferente, la mitad de la expresión escrita la hace el autor, mientras el lector cierra el ciclo.

Entonces, el escritor se enfrenta a entelequias para traducirlas acorde a lo dictado por la ortografía, sintaxis y redacción, no es sencillo porque existen historias que suenan tan bien en la cabeza pero tan horrible en el papel que muchos nunca se deciden a sortear esos obstáculos para escribir.

Así, el escribir mis letrillas cada quince días me lleva a cambiar cualquier cantidad de veces mi tema, nunca se hará una definitoria, es más, ahora que escribo ésta ya experimenté cuatro diferentes ideas para publicar sobre alcohol, felicidad, juventud y malhumor, supongo que los publicaré más adelante cuando haya encontrado la fortaleza en mis propias palabras.

Los títulos de lo que escribo se hacen en un santiamén, sólo leo y las primeras ideas que sobresalen, al final de la lectura, las acomodo de forma geométrica et voila., así que no se rompan la cabeza pensando “¿por qué le habrá puesto así?”.

Aún no estoy seguro si al terminar este escrito, éste será el publicado el viernes, ni siquiera sé si sea esta la finalidad del espacio que me dieron para expresarme, pero como tengo total impunidad para que me lean seguiré sobre esta línea, divagando.

Quizá escribo esto porque absorbe mi mente el hecho de redactar, porque he pensando que a pesar de los problemas para conseguir empleo también podría usar este tiempo muerto para desarrollar mi ocio, por eso mis ideas van entorno al transmitir desde la escritura.

Siempre he querido contar historias, hacer como Rosa Montero que no sólo contó una autobiografía muy interesante a la que le da vueltas y vueltas, y se las arregla para siempre mantenernos atentos a nuevos datos que desentrañan su vida, además da consejos para los escritores, hace de una historia, una guía.

El escritor debe hacer uso de sus capacidades analíticas, creativas y constructivas, cuando se está preparado es cuando el hecho de “caminar por un puente colgante e imaginar cada instante con cada pequeño detalle de la caída, desde la pequeña rasgadura de la piel hasta la fractura más violenta” es motivo de asustarse, pero también de enorgullecerse.

El envidiar a García Márquez por su espectacular capacidad para describir lugares, objetos y personas, no sólo significa ser imaginativo también hay que sobrepasar las capacidades lingüísticas promedio para captar todo eso que sólo el intelecto hace.

Me gustan las historias del autor colombiano, pero su exagerada descripción tan perfecta me hace perder la imaginación, parece que estoy viéndolo, me inclino más por autores como Hemingway que deja los lugares y temas obvios (lo sé, no estoy siguiendo su principal recomendación) para la invención del lector.

El tergiversar y crear historias es una actividad continua, cómo no ver al vagabundo y pensar en su historia, ver a la enfermera y razonar sobre su vivir, ver al alcohólico y discurrir acerca de su estado, ver al estudiante y cavilar sobre su futuro. Todo con un condimento que sólo nuestra experiencia e ilusión podría tejerse para formar una quimera.

Esa Quimera que todos necesitamos para sentirnos más cerca de los humanos.


Publicado en Just an Ambulance at the Bottom of a Cliff

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