12 feb. 2013

Incomprensión


En toda interacción siempre existe una comunicación, donde lo que se desea debe establecerse a través de una serie de reglas predeterminadas, que son reglas convencionales por las cuales se arma el mensaje para que la otra persona pueda comprenderlo.

Ese es el proceso comunicativo, un emisor genera un mensaje, lo envía y el receptor lo descifra, lo que automáticamente establece una respuesta o reacción para que el receptor, ahora emisor, desarrolle un mensaje y el anterior emisor, lo reciba.

En teoría es sencillo comunicarse pero se dificulta en cuanto tomamos en cuenta variables culturales que evitan que la comunicación sea eficaz. Por ejemplo, el eterno problema de creadores o artistas con sus audiencias.

Recordar esas conferencias de análisis de obras literarias, donde expertos describen tan compleja y analíticamente textos de poetas y escritores, y al final cuando daban la palabra al susodicho, el creador asombrado decía: “¿en serio dije todas esas cosas?, sólo escribí la historia de un naufrago quien me la contó”.

En la cultura, el emisor sólo produce 50% de la comunicación porque el resto depende del intérprete, si no cuenta con los suficientes elementos culturales y simbólicos entonces no entenderá el mensaje, le parecerá incoherente o ininteligible. Las reglas existen para enmarcar un orden y evitar deformaciones.

Por ello, no es que seamos pésimos para comunicarnos, más bien podría ser que no sabemos usar reglas convencionales propias del contexto, y en ese caso, todos somos incomprensibles en cierto punto porque cada pensamiento es único, es una formación intelectual, social y cultural irrepetible.

A pesar de coincidir en ciertas formas, el llegar a ese punto significa haber escalado una montaña desde distintos orígenes con un camino que puede ser igual de variable que la cantidad de recorridos hechos, por lo tanto todo lo igual no es igual.

Somos incomprensibles porque nuestra visión se reduce a lo que pensamos, creemos y nuestra historia social y cultural nos hace jerarquizar, justificar y plantear problemáticas diarias en ciertos modos.

Nuestro pensamiento se hunde en aquella diatriba de los iusnaturalistas y la historia, donde conceptos y categorías históricas se subjetivizan, al homologarlas con valores de una época, lo que lleva a juicios de valor, más que comprender y explicar otrora, se dedican a enjuiciar.

Observar alrededor es un recurso necesario para saber y conocernos pero teniendo en cuenta que vivimos en contextos diferentes y siendo, hasta cierto punto, pacientes porque no todos harían lo que nosotros, ya que entendemos al mundo de forma diferente.

Así, también es importante conocer otro tipo de personas con historias diversas para comprender mayores códigos de comportamiento social y pautas culturales sin caer en la clasificación o crear estereotipos discriminatorios. El rumbo hacia el conocimiento de la naturaleza humana se encuentra en primera instancia en entender el proceso comunicativo que es el de socialización.


Publicado en Just an Ambulance at the Bottom of a Cliff

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