19 feb. 2013

Juventud CCHeriana


El edificio F, subiendo escaleras en el segundo nivel a mano derecha se recorren tres salones, justo en el último, o sea el cuarto, existen seis mesas, las cuales tres y tres conforman dos filas a lo largo del salón que mide 3 metros. Son las 7pm, hora en que se congregan los estudiantes, es raro ver tantos a esa hora, es el último horario y tomando en cuenta que es sexto semestre ya deberían haberse marchado.

A esa hora ya hay que tener una chela en mano, o bien, una cubeta de pulque o curado de 2 o 3 litros, al menos... ¿Para qué ir a la escuela? Eso es aburrido, monótono, de todas formas tenemos pase reglamentado a la Universidad, quizá no en Ciudad Universitaria pero sí en otro plantel, así que no hay pex...

Pero esa materia es atractiva, rara vez se deja de asistir, el profesor mas que enseñarnos sobre Ciencias Políticas y Sociales, se ha convertido en un maestro de la vida, el tiempo ha borrado su nombre, porque el tiempo lo borra todo, un día despertamos con una vida totalmente distinta a la que otro día recordábamos y seguramente en un tiempo más recordemos este momento y ya hayamos olvidado el pensamiento penúltimo y antepenúltimo...

Aún así, se llamaba Juan Artemio, bueno, así es como lo llamaré de ahora en adelante. Él era diferente, sus consejos iban para estudiantes, no nos veía como esos jóvenes malgastando su vida en cualquier cosa, más bien haciendo lo que hacía cualquier otro a su edad, seguir nuestra naturaleza, para él ir a la escuela no entrar a clases e irse a leer a la biblioteca o consumir drogas era aceptable, quizá nuestro cuerpo veleidoso era para resistir a nuestras jornadas de fiesta y excesos constantes.

Entraban compañeros drogados a clases, no decía nada, e intentaba que aprendiéramos lo mayor posible, él sabia que aquel ambiente estaba lleno de tentaciones, sólo unos cuantos a los que se les nombraba ñoños eran casi como adultos, responsables, comprometidos, eficientes, los demás éramos desastrosos... Lo que es... Ni siquiera nos importaba aprender si no tenía una aplicación inmediata, una falla de visión debido a la inexperiencia.

No poníamos atención pero ese grupo obtuvo la base en ciencia social, no era precisamente lo más sofisticado ni lo más teórico, tal vez no lo entendiéramos pero en la Universidad se clarificaron muchas cosas, por ejemplo, no se entendía el concepto de consciencia social, y siempre repetía que los universitarios de escuelas públicas contábamos con un chip, a lo mejor virus que no permitía actuar fuera de la ética, o sea pensar en nuestros congéneres antes que en intereses particulares.

Al fin, choradas en ese momento. Preferíamos escuchar sus historias de cuando joven, resultaba que el sinvergüenza era un Don Juan, lo escuchábamos atentamente, muchos no lo creían pero sus historias eran interesantes para todo ese grupo de imberbes, hasta que un día lo vimos con una señora de buen ver, ya medio traqueteada pero el master, porque la neta sí rifaba para ligar, se encontraba platicando plácidamente con ella, luego la tomo de la cintura y que se la lleva al carro.

Tssssssssssss... Sólo podíamos pensar “esta noche sí cena”. Fue cuando creímos que esa historia de haber llegado a Monterrey como joven profesor graduado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales a la Universidad Autónoma de Nuevo León, se había conseguido una chica guapísima  según él adinerada y que después tras su romance le salvaría la vida.

Decía que era ídolo de los jovenzuelos que tenía por estudiantes porque una chica guapa iba por él a la salida en un carro de lujo y él no pagaba nada en absoluto, pues todos quedaban boquiabiertos. Se encontraba en grilla apoyando a la oposición política hasta que un buen día, lo agarraron, le metieron sus putazos, lo encueraron y le quisieron aplicar la ley fuga, pero le dieron chance, así que regresó a la Ciudad de México y como bien lo dijo “deje a la otra vieja bien buena por mi amor 'verdadero' para que años después me rompiera la madre con un divorcio y me quitará lo poco que había ganado durante años”.

Al final, creo que eso fue lo que me animó a ser politólogo. No sé si esté mal porque mi pasión sea esa ansía de vivir en el exceso y despreocupación, lo cual he seguido aunque sin consolidarlo... Llevo una vida sin guión, pero creo que comienza a ganarme la formalidad... En fin, supongo que la parte social del humano que todos tenemos que atravesar...

No hay comentarios: