2 ene. 2017

Rafael Tovar y de Teresa: La pérdida de un Estado

En la Ética Nicomaquea, Aristóteles concluye que el fin del “individuo” y el “Estado” concurren en uno mismo: la felicidad. Y la felicidad sólo puede conseguirse a través de una actividad relacionada con la naturaleza específica del individuo, por lo que estaremos destinados a ser felices haciendo lo que nos guste y, a la vez, coadyuve a los demás. Paradójicamente, el servicio público es la opción por excelencia pero la más complicada de ejercer por la degeneración que causa el poder.

Así que un genuino servidor público debe amar su trabajo y, como consecuencia de su actividad, debe contribuir en los asuntos públicos. En la lógica aristotélica, los resultados de su empeño otorgarán el placer que servirá como pago a su felicidad y no una remuneración monetaria dado que el “individuo de Estado” debe contar con los recursos suficientes para dedicarse de tiempo completo a desarrollar sus virtudes y felicidad.

En relación a la remuneración, Max Weber analizó en La Política como Vocación que en el servicio público coexisten los individuos que viven “de” y los que viven “para” la política, en un estadio utópico se deberían dividir los espacios gubernamentales entre quienes requieren de un pago y quienes pueden hacer del servicio público su vida comprometiendo su tiempo completo, de tal manera que se les considere independientes.

Así, la construcción abigarrada del gobierno ideal de Aristóteles y Weber se basaría en tener los recursos humanos idóneos en los espacios adecuados, donde la clase dirigente sea encabezada por individuos libres con suficiencia económica que amen su trabajo para evitar que los prominentes cargos sean usados por funcionarios públicos de medio tiempo que busquen su bienestar a costa de los demás, o sea que el ejercicio de la política se reduzca a un medio.

En ese contexto, el fallecimiento de Don Rafael Tovar y de Teresa se graba en una de las mayores pérdidas para la comunidad política mexicana porque se pueden rememorar a pocas personas que hayan sido libres de su tiempo, independientes de pensamiento y hayan escogido el servicio público como la actividad para desarrollar sus virtudes. El único pago que recibió fue la trascendencia de su trabajo al escribir un destacado capítulo de la política cultural de nuestro país.

Los resultados de su esfuerzo y el contagio de sus objetivos a sus colaboradores nos dejaron como herencia: la redacción de cuatro obras; la construcción del CENART y el Centro de la Imagen; la formación del Sistema Nacional de Creadores de Arte, el FOPROCINE, el FIDECINE, el Sistema Nacional de Fomento Musical, el PAICE; la transmisión de Canal 22 en señal abierta; y la constitución de la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal.

También implementó proyectos estratégicos como el Programa Nacional de Desarrollo Cultural Infantil “Alas y Raíces a los Niños” y el Programa Cultura para la Armonía. Asimismo, se realizaron destacadas exposiciones que fueron bien recibidas por el público mexicano como Miguel Ángel Buonarroti: Un artista entre dos mundos; Leonardo Da Vinci y la idea de la belleza; Yayoi Kusama. Obsesión infinita; y Leonardo, Rafael y Caravaggio: una muestra imposible.

El perjuicio de una defunción de esta magnitud no es menor si se considera el valor de la formación, ya que un perfil así se modela tras varias líneas genealógicas que requieren tiempo, esfuerzo y recursos, así como autoconocimiento familiar-generacional sobre su rol frente a la comunidad política, aún en esas condiciones, los perfiles surgidos podrían no compartir las ideas y desarrollar sus virtudes en otras áreas.

En este sentido, la vida de Don Rafael Tovar y de Teresa se reduce a una formación cultural causal y casual, un hombre que eligió ser feliz (en la visión aristotélica) y nos benefició. El Gobierno Federal quizá haya tenido su mayor acierto al designarlo, pero también su mayor inoportunidad al no haber aprovechado a uno de los hombres más comprometidos con el ámbito de la cultura que logró lidiar con los gajes del oficio, las tentaciones del poder y el presupuesto limitado.

Al final, la lección histórica que nos deja Don Rafael Tovar y de Teresa es lo fundamental de la cultura en el espacio político, ¿cómo formar a los siguientes individuos de Estado que en su andar beneficien a las futuras generaciones e inspiren a la nuestra?

@JAngel_Rmz
Nezahualcóyotl, México
12 de Diciembre de 2016

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